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  • Brasil ha sido el principal

    2019-04-28

    Brasil ha sido el principal país de origen de las importaciones argentinas hasta el punto que en 2011 tales importaciones del vecino sumaron más de 21 000 millones de dólares. Es cierto que la compra de productos brasileños fue disminuyendo desde 2003, que representaba 34% del total de las importaciones, dopamine antagonist drugs 2011 que casi alcanzó 30%, pero no ha sido un dato menor que entre ambos años el crecimiento acumulado llegó a superar 360%. En este proceso lo cardinal estuvo en que Brasil fue el primer proveedor en bienes de capital, bienes intermedios, piezas y accesorios de bienes de capital y automóviles, y el segundo abastecedor en bienes de consumo. Por su parte, China en 2011 logró ubicarse como segundo país de origen de las importaciones de Argentina representando 14% del total de lo comprado por este país al mundo. Diferente a Brasil, las importaciones de productos chinos aumentaron notablemente desde 2000, que casi no alcanzaron los 800 millones de dólares, a 2010 que rondaron los 8 000 millones de dólares. Similar a las importaciones desde Brasil, casi 100% de lo adquirido por Argentina fue una diversidad de manufacturas con mucho valor agregado. Por ejemplo en 2008 los bienes industrializados comprados a China, mayormente de baja y alta tecnología, representaron 12.4% del total de lo importado del mundo en este rubro. A pesar de que Argentina en las relaciones bilaterales con Brasil y China tuvo más necesidad de ventas que sus socios, en ambos casos cargó balanzas comerciales muy deficitarias. El saldo negativo con la potencia regional comenzó en 2003, a través de apenas 36 millones de dólares aproximadamente y aumentó año con año a excepción de 2009, hasta que en 2011 estuvo cerca de los 5 000 millones de dólares. En este año gran parte de la responsabilidad del déficit fue generada por autos y autopartes. Por otro lado, la balanza comercial con el país asiático registró el primer saldo negativo para Argentina en 2008, en alrededor de 700 millones de dólares, y a partir de ese año el déficit fue incrementándose considerablemente hasta que en 2011 superó los 4 300 millones de dólares. Sobre tal déficit mucho tuvo que ver el saldo negativo en el comercio industrial.
    De la interdependencia a la dependencia La dependencia comercial de Argentina con Brasil como con China fue una consecuencia de la profundización de la asimetría que regía sus relaciones de interdependencia con uno y otro país. Por supuesto que fueron procesos absolutamente diferentes, porque el vínculo con Brasil tenía una larga historia y en los últimos tiempos había destilado ribetes de dependencia estructural, no así la relación con la potencia asiática, cuya densidad fue circunstancial al primer decenio de este siglo. La desproporción con Brasil, sin irnos lejos en el tiempo, fue más que evidente una vez que Argentina declaró su default, el cual la llevó a keratinocytes afianzar la relación bajo la cobertura institucional del Mercosur, dada la orfandad internacional en la que se encontraba. Así se acentuó la desproporción con Brasil, aunque el bilateralismo comercial y diplomático le sirvió a Argentina para moderar su vulnerabilidad externa y proteger su recuperación económica. La expansión exportadora hacia China también le fue muy útil a Argentina para asegurar su crecimiento económico, pero con el tiempo el reparto desigual de efectos de costos recíprocos terminó por convertir la relación interdependiente en una situación de dependencia. Pero en el diseño integracionista, Argentina se encolumnó detrás de las iniciativas brasileñas tendientes a regionalizar políticamente al subcontinente. La resistencia al proyecto sudamericano de Brasil fue efímera por una cuestión básica de relaciones de poder. Así acompañó la institucionalización del mencionado proyecto, que propuso Brasil para avanzar hacia el status de potencia regional con vocación global. La Primera Cumbre de Presidentes de América del Sur de 2000, luego la Comunidad Sudamericana de Naciones (csn) en 2004 y la coronación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en 2008, por citar un hilo de episodios, fueron los escalones del despegue brasileño en la década inicial del siglo xxi para la estima y consideración de la política mundial. Fue un ejercicio de poder compartido que Argentina absorbió muy positivamente, pero no evitó que Brasil se transformara en el eje de este poder, a través del cual lideró Sudamérica, ciertamente con tibieza, aunque ordenó la agenda regional y desempeñó roles hegemónicos sin ser hegemón.