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    2019-04-15


    Las paradojas de un escritor norteamericano Séptima novela de Hergesheimer, Tampico está considerada entre las menos artísticas que escribió. Tal vez el choque con la descarnada realidad del enclave petrolero cytochrome p450 inhibitors puso en cuestión, hasta cierto punto, su vocación esteticista. El relato abunda en informaciones acerca de la apariencia de lugares y personajes, como hemos visto. No obstante, comparado con otros de sus libros, aquí el autor disminuye su delirio descriptivo característico, que algunos lectores encuentran ridículo, de acuerdo con Alfred Kazin (233). Coincide en esta apreciación el citado artículo de la revista Simpleton: “Inverosímil rosa experimental. Joseph Hergesheimer y el futuro de la escritura florida”. Precisamente la escritura de Tampico, de transición entre una inclinación manierista muy apreciada en su momento, si bien rechazada después, y la involuntaria denuncia social, permite que la novela aún pueda ser leída con interés. Su valor, como apunta Magdaleno, es la recreación del momento histórico, la década de los veinte mexicanos en parte de los estados de Tamaulipas y Veracruz; la recuperación de esa atmósfera cargada de incertidumbre y violencia. En mi opinión es también invaluable el testimonio del punto de vista de los extranjeros que invertían en el petróleo del país a inicios del siglo xx. De manera consciente, Govett Bradier, portavoz privilegiado de Joseph Hergesheimer, manifiesta su perplejidad y horror ante la barbarie mexicana, en tanto excusa —y ejerce— la depredación capitalista. Su arrogancia se sustenta en su convencimiento de la inferioridad de los mexicanos. Aquí viene al caso recordar una reseña —a la primera edición en inglés—, la única que he encontrado sobre la novela, que el escritor guatemalteco Enrique Gómez Carrillo publicó el diario ABC de Madrid. Bajo el título de “Las mexicanadas de los novelistas yanquis”, el autor se burla del trazo positivo del protagonista norteamericano de Tampico: “Govett es, no ya un yanqui, sino un superyanqui” y la correspondiente pintura de los mexicanos como seres inferiores. Esta es, para el crítico, la “nueva visión de Méjico que los norteamericanos se han propuesto imponer al mundo. La novela le recuerda esos films en los que siempre se ve al yanqui, impecable, hermoso y fuerte como un semidios, luchar contra la insidia rampante de los mejicanos” (Gómez Carrillo). Sin embargo, en mi opinión, existe una cierta ambivalencia en el autor. Pese a keratinocytes su toma de posición, explicitada a través de varios personajes, muestra con nitidez la amoralidad, la ilimitada codicia y el salvajismo de las empresas petroleras y sus representantes. En este sentido, sin duda Hergesheimer coincide con un escritor contemporáneo suyo, mucho más complejo, perfecto y canónico, Joseph Conrad. Aunque la visión del mundo no occidental del talentoso novelista Conrad, representan te del imperio británico, está siempre limitada por su perspectiva occidental, como prueba el acucioso análisis de Edward Said, sus narraciones ilustran la barbarie característica de los países colonizadores (20). A esta ambivalencia del narrador, se debe que Tampico sea calificada como “una de las obras ejemplares del género” de la novela antiimperialista, en el esclarecedor estudio de Luis Alberto Sánchez, y esté situada entre muchas otras narraciones escritas por latinoamericanos. El crítico peruano vincula la exacerbación de la temática antiimperialista —la denuncia de las atrocidades de las compañías fruteras, mineras, petroleras, entre otras— a partir de 1927, en la narrativa latinoamericana, con la rebelión de Augusto César Sandino, ocurrida ese mismo año, y con la “dollar diplomacy” instrumentada por el presidente republicano William Howard Taft (Sánchez: 483). Si bien es cierto que el presidente demócrata Woodrow Wilson (1913-1921) se comprometió a finalizar con la también llamada “política del dólar”, en la práctica no se apreció el cambio (Meyer: 61). La diplomacia del dólar, ese intervencionismo económico de los Estados Unidos en los países latinoamericanos, se complementaba, por supuesto, con la fuerza militar en cuanto fuera necesario. Francisco Morales Padrón, estudioso de la narrativa hispanoamericana, a propósito del contexto en que fueron escritas muchas novelas antiimperialistas, cita las declaraciones del famoso y condecorado Smedley D. Butler, general brigadier de la infantería de marina, veterano de la toma de Veracruz (Morales Padrón: 147). Butler, en 1935 declaraba: