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  • ccr5 inhibitor Pero el fuerte del comercio

    2019-05-30

    Pero el fuerte del comercio exterior argentino no sólo estuvo centrado en la demanda china, también Latinoamérica fue un mercado importante para las exportaciones. En este sentido, Daniel Berrettoni y Mariángeles Polonsky sostienen que fue clave “la importancia y el dinamismo del mercado brasileño como ccr5 inhibitor de manufacturas industriales”, principalmente del sector automotriz, a lo cual se añadió el resto de América Latina que le posibilitó a Argentina lograr un “superávit creciente en los últimos diez años”. En otro trabajo citado al pie, Berrettoni agrega que los destinos en la región se realizaron principalmente a través del marco de la Asociación Latinoamericana de Integración, en algunos casos en mercados diversificados en los cuales predominaron manufacturas no basadas en recursos naturales, y en otros casos en los grandes mercados como Brasil y México, que mostraron “niveles de concentración superiores al promedio de la aladi, pero con una alta participación de productos industriales, fundamentalmente por el peso de la industria automotriz en los intercambios”. Esto en coincidencia con los estudios de Berrettoni, María Laura Escuder y Gonzalo Iglesias, en los que afirman que la región ha sido “un destino muy significativo para las exportaciones argentinas, no sólo por los volúmenes sino también por el tipo de bienes exportados”. De manera que la demanda china y el mercado latinoamericano fueron vitales en la estructura exportadora de Argentina, antes y después de la crisis financiera mundial de 2008. Para Martín Rapetti esta estructura fue eje de la incipiente recuperación económica del país iniciada en el segundo y tercer trimestre de 2002. Mark Weisbrot y Luis Sandoval, sin embargo, entendieron que “la recuperación argentina no fue impulsada por las exportaciones y los altos precios para los productos básicos”. Mark Weisbrot, en particular, subrayó que “las exportaciones no contribuyeron de manera decisiva a la expansión de la economía argentina” desde 2003, fundamentalmente porque “el valor de las exportaciones agrícolas, incluyendo la soja, no creció durante la expansión, medido como porcentaje del pib”. Más allá de las diferencias de evaluación económica, desde el punto de vista político es posible afirmar que Argentina no supo o no quiso aprovechar su estructura exportadora. Al respecto, el análisis de Agostina Costantino señala categóricamente que el país no logró cambiar su estructura productiva “a partir de la bonanza sojera” mediante políticas industriales de transformación. Esto significó —según la mencionada analista— la no disminución de la vulnerabilidad externa del país “derivada de la dependencia del mercado internacional”, hasta el punto que “la concentración y la extranjerización de las estructuras productivas, lejos de reverstirse, se han profundizado con respecto a los noventa”. Precisamente Marta Bekerman y Diego Cerdeiro afirman que en plena expansión de las exportaciones no se había generado “una transformación estructural en la competitividad de los sectores no asociados a los recursos naturales”, antes utilizaban estos recursos en forma abundante. Otra consideración, en este caso del estudio de Daniel Azpiazu, Pablo Manzanelli y Martín Schorr, es que las exportaciones argentinas fueron clave para la cúpula empresaria que gravitaba en la actividad económica del país. Según los mencionados autores, las ventas al exterior de estas empresas, “controladas por capitales extranjeros y por unos pocos grupos económicos nacionales”, pasaron de 64% del total de lo exportado por Argentina en 2001 a 74.3% de ese total en 2008. Además afirman “que en la posconvertibilidad este núcleo acotado del poder económico doméstico se ha constituido en el soporte de la considerable expansión exportado-ra”. Por otra parte agregan que la extranjerización de la economía, “lejos de haber contribuido a alterar el vector de especialización y de inserción de la Argentina en el mercado mundial, ha contribuido a afianzarlo aún más”, así entonces el capital nacional, enmarcado en la “transnacionalización subordinada, ha renunciado a encarar un proyecto susceptible de impulsar la reindustrialización sobre la base del desarrollo y el control de nuevas capacidades productivas”.