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    2019-06-05

    Volvemos nosotros hbv tomar el hilo. El proyecto en cuestión remonta a las de Michel chevalier, publicadas en París en 1836, y que ya circulaban en chile al menos desde 1842. Para la llegada de Bilbao a Francia en 1845, el libro de chevalier era todo un éxito editorial. Había alcanzado en 1844 la cuarta edición. Además, chevalier en el colegio de Francia tenía a su cargo la cátedra de Economía Política desde 1840, y Bilbao asiste, según Manuel Bilbao, al curso de Economía Política en el colegio en 1845. En la introducción a esas , lo mismo que antes para Hegel, para chevalier “la civilización a la que pertenecen los pueblos de Europa marcha sobre el globo terráqueo de oriente a occidente”. no describe esa marcha una línea recta y avanza, más bien, sinuosa y alternativamente entre “las dos grandes razas de la Biblia, la de Sem y la de Jafet”, y entre las razas benditas entonces. Pues son tres los hijos de Noé y tres las razas bíblicas. La tercera raza, la maldita, es la de cam. Para chevalier, América es el último paradero de la civilización europea, compuesta de tres “familias”: la latina, la germana y la eslava, cada una encabezada por una distinta nación: Francia, Inglaterra y Rusia. y éstas, las tres naciones, también las “tres cabezas” de Europa, son las que disputan el predominio en la escena mundial. dejando a un lado a Rusia, que es “una recién llegada” dice chevalier, Europa aparece dividida en consecuencia entre una “Europa latina” y una “Europa teutónica”. La primera está constituida por los pueblos meridionales cuyas lenguas proceden del latín y cuya religión es la romana. La segunda es la septentrional, que en cambio es protestante y habla lenguas germanas. En América, añade chevalier, se ha reproducido esta diferencia, que es, insistamos, una diferencia de lengua y de religión: “Ambas ramas, latina y germana, se han reproducido en el nuevo Mundo. América del Sur es, como la Europa meridional, católica y latina. La América del norte pertenece a una población protestante y anglosajona”. Así, pues, del mismo modo que existe una “Europa latina”, ha llegado a haber también, como una extensión suya, una América “latina”. de todo este “grupo latino”, el liderazgo, continúa chevalier, le debe corresponder a Francia; hallándose en “la cumbre” del grupo latino, Francia “es responsable de los destinos de todas las naciones del grupo latino en los dos continentes. Sólo ella puede impedir que esta familia entera de pueblos sea absorbida por el doble despliegue de germanos, sajones o eslavos. A ella le corresponde despertarlos del letargo en que se encuentran inmersos en ambos hemisferios, elevarlos a la altura de otras naciones y prepararlos para figurar en el mundo”. Le corresponde a Francia una función tutelar y patronal y es ella la que debe proteger el destino de los pueblos latinoamericanos porque, dice, “no se encuentran aún en condiciones de bastarse a myofibrils sí mismos”. El imperativo del liderazgo es, en chevalier, ciertamente reactivo. de lo que se trata es de apurarse ante el despliegue y avance de los ingleses y de los rusos en Europa, como de los yanquis en América. de apurarse, y de conformar, pues de esto también y principalmente se trata, una unidad racial panlatina capaz de equilibrar las fuerzas y de distribuir en consecuencia el mundo según un modelo geopolítico cuyo punto de vista es el francés, según un horizonte recortado por lo latino como punto de vista francés. Con posterioridad a los acontecimientos de 1848 y 1849 en París, se había constituido el comité democrático francés-Español-Italiano, fundado en 1851 por la iniciativa y con el liderazgo de Lamennais. En Londres, paralelamente, se había constituido el comité central democrático Europeo, liderado por Mazzini, quien pensaba en la realización de la “república universal”, mientras Lamennais, en lugar de la idea de una confederación que juzgaba irrealizable en ese momento, desde el comité Latino de París pensaba más bien en la reconstrucción de la República a partir de un “núcleo central” de pueblos latinos: “Por su posición geográfica y sus afinidades de origen, cultura, ideas, lengua e intereses, las naciones latinas, Francia, Italia, España, parecen ser los elementos naturales de este núcleo central en torno al que lleguen a agruparse elementos nuevos”. El citado es un pasaje del Manifiesto del comité Latino, firmado entre otros por Lamennais, comité disuelto poco después con el golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851. Es entonces cuando Lamennais, comprendiendo la significación del golpe y decepcionado, vuelve la mirada hacia América, y hacia Bilbao en particular, y es entonces cuando fomenta, contra el bloque sajón, la formación de un bloque latino, republicano y espiritual en “la América española”. Si “la América española”, decía Lamennais a Bilbao en su carta de 1853, entra en alianza con las naciones francesa e italiana, y si entonces inscribe su posición en relación con “las naciones latinas”, definiéndose a sí misma en tanto “latina”, sólo entonces tendría la posibilidad de cumplir el destino de ser “el contrapeso de la raza anglo-sajona, que representa y representará siempre las fuerzas ciegas de la materia en el nuevo Mundo”. Lamennais opone, en efecto, las dos razas, la latina y la sajona, en términos de la espiritualidad de la primera y el materialismo de la segunda, retomando así por su cuenta, y a distancia de chevalier, el sentido de la latinidad. La composición de un bloque latino en América del Sur, sostenía, es una urgencia histórica en los momentos en que Estados Unidos amenaza con la realización de lo que llama su destino Manifiesto y que, de cumplirse, le otorgaría una hegemonía tal que “rebajaría el mundo entero a su nivel y haría del género humano ”.