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    2019-06-06

    En cuanto orexin a “Semana…”, los cambios de las lecciones son poco sig-nificativos: «noble» M por «limpia» M1 (v.11); el uso de paréntesis o letras mayúsculas para los títulos de cada fragmento del poema. Esta semana poetizada no sigue un itinerario corriente, pues carece de miércoles en la edición original de Hora y 20, circunstancia que da un matiz hermético al poema; empero, se puede apreciar que Pellicer intentó perfilar al principio una que incluyera este día, tal como lo muestra el manuscrito M. En consecuencia, el poder innovador de este poema adquiere resonancia porque Pellicer ya no mira hacia el pasado, por el contrario, hace perceptible el paisaje de una ciudad actual, cuyo progreso, frenesí o ritmo fragmentado, anuncian una técnica de expresión más agresiva y una nueva manera de confrontar la realidad.
    Testimonios de “Variaciones sobre un tema de viaje”
    Notas
    testimonios de “Semana holandesa ”
    Notas
    Conclusión
    Esta conversación es producto de dos entrevistas que sostuve con Fernando del Paso en noviembre de 2010 y diciembre de 2011 en su departamento de la colonia Roma, en la ciudad de México. La intención no fue otra que la de hablar sobre su obra, a la que ya le había dedicado un libro y algunos artículos. Disfruté a un Fernando del Paso amable, vital e inteligente; gran lector y conversador, entusiasmado por entonces de abrazar, de manera declarada, a su amante la historia con la publicación del primer volumen de y con la escritura de los otros dos volúmenes que compondrán esta serie histórica. Nuestra conversación sobre su obra, salpicada de anécdotas, de chistes y de la gentil presencia de su esposa Socorro, es también la reflexión de este magnífico escritor mexicano sobre la literatura, la esperanza y la vida.
    En , José Ramón Ruisánchez se aproxima a siete obras claves de la literatura mexicana con un doble objetivo: explorar el modo en que estas fic-ciones, crónicas y testimonios desplazan, desestabilizan y ponen en tela de juicio la cartografía estática de la versión oficial de la historia mexicana del siglo ; y señalar las continuidades y contigüidades entre las obras del corpus, y la inevitable presencia de en cada una de ellas. Desde un complejo andamiaje teórico en el que colindan y dialogan Michel de orexin a Certeau, Slavoj Zizek y Ernesto Laclau, entre otros, el crítico insiste en que las obras más resonantes de las letras mexicanas han sabido narrar, y aún más, “topo-grafar”, lo que había quedado excluido o silenciado de la historia estatal u oficial sobre los momentos más criticos de la historia de Mexico durante la segunda mitad del siglo . Así es como el análisis de las obras estudiadas vuelve una y otra vez a Blunt-end ligation los siguientes eventos: la transición que lleva a México a los umbrales de una economía global a partir del Tratado de Libre Comercio de América del Norte de 1994, los movimientos estudiantiles de 1968, el terremoto de 1985, el proyecto de industrialización de los años cincuenta, y, en menor grado, las elecciones del 2000. Las siete obras a partir de las cuales Ruisánchez se propone demostrar su ambicioso argumento son de Juan Villoro, los ensayos de de Carlos Monsiváis, de José Emilio Pacheco de Elena Poniatowska, de José Agustín de Carlos Fuentes y de Juan Rulfo. Según el crítico, estos textos “demuestran la potencia de la renarración como agente de modificación de los lugares de autoridad, creando el espacio topológico para cuestionar no solo una versión de la historia, sino las reglas mismas de su legitimación” (24). La distinción entre la mirada cartográfica y la topológica que el autor propone en su introducción se aprecia claramente en el capítulo “Juan Vi-lloro: topología de la ciudad acéntrica”. Reconociendo la influencia de De Certeau y de Homi Bhaba en su lectura de la novela, Ruisánchez recalca el modo en que el autor contrapone la narración de los espacios habituales (topológicos) del protagonista al espacio utópico del fundador de la Clínica. Amenazando a ambos está el espacio anónimo pero rígidamente controlado del neoliberalismo y sus nuevos mercados. Para Ruisánchez, alegoriza el cierre de (la posibilidad narrativa de) lo utópico para señalar la apertura aún sin medidas fables de “lo abierto-utilitario del mercado” (41). La discusión de Ruisánchez de las “reacciones utópicas” en la novela aporta una contribución importante a la lectura de esta novela. Menos convincente me resulta su argumento de que no solo el protagonista, sino el México del que supuestamente se fuga (el México entre la modernidad y el caos del barrio de San Lorenzo que tan magistralmente recrea Villoro) proyectan señales no solo de resistencia sino de permanencia (el eco de Faulkner aquí sobre las posibilidades del futuro de la especie humana resulta demasiado optimista en mi opinión y quizás refleje una miopía momentánea de parte del propio crítico).