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    2019-04-20

    Fer Maracas, una vez que hubo traicionado sirtuin inhibitors su colega el Niño del Diamante (cómplice en el asesinato a mansalva de El Yube, por Golmán) viola y mata, posteriormente, a Linda Stefanie, hija de la señora Laila Noreña, en complicidad con un grupo de albañiles y drogadictos. Posteriormente, Maracas traiciona también al mencionado Golmán —su antiguo compañero de crímenes— en contubernio con el líder del cártel (El Jitomate) y sus lugartenientes (el Amacupa y el Capote de Oro). El siempre mortífero Fer Maracas se revela, hacia el final de la obra, en toda su magnitud y como el verdadero artífice simbólico de un cinismo “prángana” que obedece, a todas luces, a una conducta desfachatada: transformarse en un híbrido de Golmán y El Yube, aquellos sicarios y ejecutores “estrella”, según devela Ramírez Heredia. Fer Maracas, quien siempre manejó una motoneta que transportaba a los gatilleros decide convertirse en un inquietante, frío y calculador doppelgänger que ya muestra demarcados visos de esa actitud cínica, diligente y traidora con la que El Jitomate, líder del cartel, se ha mantenido como cabeza de la organización por años. Por ello también, como este jefe, decide hacerse de la venia y protección de la Santa Muerte, como poderosa guardiana vital, así como de una novia y una vida semejantes a las de los sicarios cuyas vidas, anteriormente, había colaborado en destruir: Un último punto a destacar en este apartado es el tema de la sexualidad en los jóvenes del relato, quienes en su viaje vertiginoso a la desolación criminal lo confunden, ambivalentemente, con un sentimiento parecido al amor; ante su propia actitud voluble y necia, personajes como El Yube exponen su postura a chicas como la Callagüita, y reflexionan sobre las razones más “profundas” de sus sentimientos: “órale, si el amor no tiene razones, mai”. Tergiversando la pasión sexual con un sentimiento que se les antoja absoluto, El Niño del Diamante, una vez que ha conocido a la señora Laila Noreña también queda prendido de ella hasta su violenta muerte. La mujer, mucho mayor que éste, sólo se relacionó sexualmente con él para poder ingresar a endothermy la organización delictiva. La muerte de El Yube, por otra parte, cataliza la muerte de su novia, la Callagüita. Linda Steffanie, luego de enterarse de la muerte de su novio, busca el vértigo de la narcosis. Desesperadamente lo busca para “olvidar”. Al ir al encuentro de un proveedor, el Zalacatán, éste abusa sexualmente de ella para cumplir su adicción de drogas. Después, se aproxima indirectamente con Fer Maracas, su victimario final. Ramírez Heredia narra así la experiencia de Linda Steffanie cuando busca la “medicina” ideal para su pena: Adultos que entrelazan sus sexos y destinos con seminiños hermosos y violentos son los que del mismo modo, Vallejo, también por su lado, describe en su obra que se dirigen irremisiblemente a
    Certidumbres de una estética latinoamericana Para la narrativa que retoma lo marginal, los bajos fondos urbanos, lo carcelario, los vericuetos del crimen así como lo barrial, han sido considerados clave susceptible de interpretación y no exclusivamente “fenómenos” grotescos, amarillistas e insustanciales. De este modo, estamos en presencia de una literatura —anteriormente depreciada como “subgénero”—, en búsqueda no sólo de la transgresión contracultural, sino ha subrayado vehementemente narrar desde un bien definido enfoque político y social que trascienda el alarmismo y sin dejar de registrar la existencia en particular, los periplos del desposeído para entender, para transformar y no exclusivamente para entretener o crear folclor. Temas de una importancia e intensidad que, en la era contemporánea, están cambiando a un ritmo y celeridad pasmosos el rostro de la sociedad mexicana en su conjunto. Son los rubros que han afrontado —mediante la literatura— estos escritores de una manera por lo demás fidedigna, sin nacionalismos compactos ni estereotipos a modo.